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jueves, 18 de agosto de 2016

Voces de Chernóbil: gran libro, pero no de mi gusto.

Hace unos meses se cumplieron 30 años del desastre de Chernóbil. Las huellas e impresiones que dejó tal suceso en el pueblo ruso, bielorruso y ucraniano aun siguen latentes. Como prueba, esta el libro que técnicamente lanzó a la fama a la escritora Svetlana Aleksiévich hace unos pocos años y que le hizo merecedora del premio Nobel de Literatura en el 2015.

Obviamente, no comencé a leer dicho libraco por el curriculum de la escritora. Sí me preguntan, casi no leo nada de los premios Nobel (bueno, Pearl S. Buck es otro cuento) y la razón es que siento que entro en un mundo elitista que muchos snobs o gente más preparada tiene mucho más conocimiento. Leer lo considero un pasatiempo y un gusto, no una forma de mostrar cultura o superioridad. Sin embargo, el que entrara en una obra como la de Aleksiévich fue por un tema que siempre me despertó honda impresión: el desastre nuclear de Chernóbil.

Cuando este sucedió, un servidor era demasiado pequeño para recordarlo. Sin embargo, fue un tema que se volvió recurrente a principios de los noventas, cuando muchos programas televisivos hablaban del hongo atómico que se había esparcido por Europa y que había provocado enfermedades relacionadas con la radiación. La Guerra Fría había acabado pero la sombra atómica de Hiroshima y Nagasaki se había reverdecido con Chernóbil. Justamente uno de esos tópicos toca el libro de la autora y lo hace de manera escalofriante.

Sin embargo, debo decir que no salí contento de la lectura. No es por la autora, sino por mi mismo y es que esperaba otra cosa. Así que la siguiente reseña solo es un punto de vista, que debe ser tomada como eso. Sí realmente tienen interés, es mejor que lo lean y que cada uno se forme su criterio. De forma lamentable, Svetlana Aleksiévich no es para mí.


El autor: Svetlana Aleksiévich nació en Ivano-Frankisvk, una ciudad del oeste de Ucrania en 1948. De padre bielorruso y madre ucraniana, terminó por mudarse a la patria de su progenitor, donde inclusive estudio periodismo en la Universidad de Minsk. Al salir, ejerció como profesora de historia en varias escuelas en Bielorrusia y también como reportera regional del oblast de Gómel.

Fue a finales de los setentas que un escritor ruso, Adamóvich le animó a escribir, mediante un estilo basado en la novela coral, una suerte de híbrido entre literatura y periodismo, el cual consiste en tomar testimonios de muchas personas de un evento determinado. Ante tal cosa, Aleksiévich comenzó a viajar y así formó su primer libro, "La Guerra no tiene Rostro de mujer", el cual narraba las aventuras y desventuras de las mujeres soviéticas en la Segunda Guerra Mundial. La fama obtenida con esto le permitió hacer otros dos más, uno enfocado en las madres de los combatientes de la guerra afgano-soviética y otro que hablaba del choque generacional que tuvieron muchas personas ante la caída de la Unión Soviética.

No obstante, el libro que la llevo al estrellato fue "Voces de Chernóbil" que ha llegado a traducirse en 20 idiomas y que tuvo su primera edición en español en el 2006. Tal alcance ha tenido dicha obra que inclusive sigue estando prohibido en su país natal, Bielorrusia. Debido a la cercanía de este país con el viejo aire soviético, la autora estuvo un tiempo deambulando en otras ciudades de Europa, hasta que al fin pudo establecerse en Minsk en el 2011. En el 2015 fue galardonada con el premio Nobel de Literatura, lo se considera un hito, debido a que sus obras son más de carácter periodístico que de ficción.


Argumento: a raíz del desastre nuclear de Chernóbil, Svetlana Aleksiévich se dio a la tarea de entrevistar a personas que estuvieron implicadas directa o indirectamente con dicho evento, esto por más de diez años. El libro recoge testimonios de madres, esposas, hijas, familiares, amigos, burócratas, médicos y también de los propios "liquidadores" (el personal que estuvo a cargo de la limpieza "nuclear" dejada por la explosión), no solo del período en que Chernóbil explotó, sino las consecuencias que vivieron a raíz de esto. Cada relato es único y no solo muestra la idiosincrasia del pueblo soviético y bielorruso, sino de la mentalidad que aun predomina hoy en día.

La autora.

Comentario personal: mi primer error con este libro fue verlo como una especie de prolongación de uno que me encanto especial, "Underground" de Haruki Murakami. Tal vez por la forma de escribir de este último o por la mentalidad japonesa, este último me pareció interesante, avasallador y muy claro en lo que quería mostrar. Sin embargo, con "Voces de Chernóbil" sí que me lleve un buen topetazo desde el principio.

Los primeros dos a tres relatos son un preámbulo desgarrador y bastante elocuente de lo que sucedió ese día en Chernóbil. Más cuando se cuenta desde la perspectiva de una esposa, de una madre y una hermana (por separado) de varios liquidadores que estuvieron justo en ese momento. El primer relato debo decir que es muy bueno y que narra a la perfección lo que sucedió, así las consecuencias posteriores. Es un buen prólogo para comenzar un libro que lamentablemente no llega a un punto sublime.

La razón es que luego de este inicio estupendo y desgarrador, los siguientes relatos son mucho más oníricos, hasta poéticos. Algunos hablan sobre la belleza de la naturaleza pre y post radiación, que tiene más un tinte romántico que de realidad. Por supuesto, no puedo negar que los pueblos eslavos son especialistas en hablar de esta manera (falta leer el romanticismo de Puskhin por algún lado). Sin embargo, aquí siento que la autora transcribe muchas palabras huecas y lejos de ponernos en el contexto, nos va alejando de eso. Lo peor es que estos relatos cuasi existencialistas se intercalan con unos mucho más duros y que te dan una muestra de como se manejaban las cosas en aquel país por esos años.

Esto lejos de ser empático, me termino generando una sensación de pesimismo y malestar poco grato. No es el que puedas ser considerado, sino más como un relato hecho para mostrarte lo más desgraciado del mundo y que sirve de morbo. No siento que haya sido el objetivo de la autora, porque algunas cosas son tan contundentes que te dejan con la boca abierta, pero de repente sentía que lo hacía más para una cuestión de "vender" el sufrimiento.

Algo que hubiese minimizado esta sensación hubiesen sido los relatos mucho más "duros". No aquellos que tengan una carga emocional fuerte, sino que hablaran de forma directa sobre los hechos y lo que sucedió después. Lamentablemente, esto llega hasta muy avanzado el segundo tercio, cuando ya tenía la sensación de aventar el libro por la ventana. Repito, tal vez alguien que le guste más este estilo de narrativa se sienta encantado, pero en mi personal me dejó bastante desagusto. A tal grado que cuando comencé el libro, esto para la primavera de este año, lo tuve que dejar aparcado por dos meses y luego en un ejercicio de autocontrol, me lo chutaba por páginas día tras día, hasta que lo acabe hace un mes.

Reitero. El libro no es nada gore ni tampoco cae en un dramatismo exagerado. Es duro, directo y cuenta las cosas como son (en especial las enfermedades y muertes que tuvieron liquidadores y sus familiares). Sin embargo, el relato de cada persona contrasta tanto, que en lugar de lograr una narrativa bien estructurada, tiene bajones y subidas demasiado pronunciadas. Hay personas que hacen una descripción estupenda y otros que se hunden en un montón de malabarismos mentales para llegar a un punto. Sí, original, pero tan pesado que no te permite agarrar vuelo con lo que estas leyendo.

Aquí es donde enfatizo mi gusto por "Underground", ya que Murakami supo ordenar o dar matices a cada relato y saberlos dividir, de tal manera que sabíamos que había en un nicho u otro. En cambio, aunque podía ser una sorpresa cada relato (y que la autora hace cierta división, más basada en el sentimiento de la crónica), en realidad resulta bastante pesado, más cuando uno es interesante o instructivo, mientras el otro es una crítica disfrazada del régimen que en ese momento envolvía a Bielorrusia.

Por supuesto, tampoco demeritó el valor sentimental e histórico de cada relato, que a su manera hacen ver las penurias que pasaron los involucrados y que aparte son tan bien escritos por la autora que te arrancan un suspiro como mínimo. Sin embargo, ese estilo tan romántico y tan lírico sí me llegó a fastidiar ciertos momentos. No obstante, pese a esto, el libro también aporta datos muy contundentes sobre el manejo de la información y de los enfermos a raíz del incidente que resultan muy claros y sobre todo dramáticos, haciendo ver a Chernóbil como un segundo Hiroshima, donde pese a conocer más de la radiación y sus efectos, los médicos y personas lo tomaban como los nipones de la década de los cuarenta y haciendo ver lo atrasado que se estaba en mentalidad.

Un punto fuerte y que me resultó muy importante, fue la forma en que el civil común encaró dicha amenaza. Como no podían verla o palparla, no la tomaban en cuenta. Esto, en una nación supuestamente desarrollada como la URSS, resulta escabroso. Por momentos me recordaba a lo oído o visto por un servidor cuando hacía mis practicas rurales de la carrera. Las personas por superstición o creencia, no pueden tenerle miedo o cuidado si no lo ven de forma directa. Como la radiación era algo invisible, el que el personal científico tratara de aleccionarlos era inútil, lo cual provocó que mucha gente siguiera viviendo en sus lugares de siempre pese a morir poco después.

Esto también se ve en la "repartición" de la gente que terminó huyendo de la zona y que de repente se vieron en una diáspora involuntaria que permeó, sobre todo en la gente de la tercera edad. Hay un relato conmovedor de una familia que tiene que salir corriendo de Prípiat y como la abuela comienza a rendirse emocional y físicamente al ver alejada de la tierra donde nació. Así la pareja que había vivido feliz cerca de la planta pero que uno de ellos se ve afectado y termina muriendo en los brazos del otro. Esta carga de dramatismo se va puliendo conforme avanzan las páginas y el último relato resulta igual o más desgarrador que el primero.

Finalmente, resulta interesante como la autora incluye "datos" que nadie se había puesto a pensar. Esto incluye como el exterminio sistemático de muchos animales en la zona (esto para evitar la propagación de la radiación y la muerte lenta y agonizante de muchos de ellos) o el futuro de muchos niños de Chernóbil, en especial enfermos que llegaron a ser objeto de experimentos como si fuesen ratones de laboratorio. Y claro, la crítica velada pero dura hacia el ostracismo del gobierno en las primeras semanas del desastre. Esto le da un plus que no tienen los libros de historia o especializados.

En conclusión, "Voces de Chernóbil" es un libro que me agrada mucho en su fondo, pero poco en su forma. Tiene datos interesantes y toca tópicos que rara vez se ven en un libro con un contexto más histórico. Sin embargo, las narrativas de algunos participantes me resultan un tanto pesadas. Sí, sé que debería verlo como un relato más mundano, pero en ocasiones no llegan a ningún lado y se nota que la autora dejó hablar a su interlocutor sin ningún freno. Debo decir que me pareció un bajón con respecto a "Underground", o sencillamente esperaba algo similar, lo cual reitero, es más cuestión de gusto personal. 


Por lo tanto, recomiendo el libro, ya que no solo presenta un estilo diferente al que se ve en estos tópicos, sino para conocer el estilo de Aleksiévich. Aparte de que es un retrato vivido y muy crudo de lo que vivieron las personas durante tal suceso. Algunos relatos son para romper el alma y que llegan a mostrar, no solo lo peor del ser humano, sino también sus mejores cualidades. 
Actualmente se puede conseguir fácilmente en cualquier librería, cortesía de la editorial Debate. 

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Saludos a mi mujer, así a mi cuñado que me consiguió este libro :3, así a quienes gustan de este tipo de lecturas. 

domingo, 26 de octubre de 2014

La Tragedia de Chernóbil: no todo fue paz en los ochentas

Cuando hablo de los ochentas, siempre la refiero como una década de felicidad y alegría, donde todo mundo parecía vivir en paz, tomados de la mano y cantando al pie de una fogata (o de una radio que emitía el Hit Wonder de la temporada).

Sin embargo, como todo, también tuvo sus aristas, sus cosas malas: desde la explosión del Challenger en 1986 hasta el terremoto de México de 1985. Aun así, hubo un evento que llego a ser noticia de primera plana por mucho tiempo y que hoy en día, sigue generando una polémica, no solo por el manejo que tuvo, sino por las consecuencias funestas a largo plazo: el accidente nuclear de Chernóbil.

Un servidor creció en las últimas épocas de la Guerra Fría. La paranoia de años sesentas y setentas había bajado de manera considerable, inclusive la URSS y EUA habían tenido un acercamiento bastante acentuado en los ochentas. Pero la amenaza de un ataque nuclear seguía en pie y películas como "Juegos de Guerra", eran fieles ejemplos de la mentalidad que aun imperaba entre el ciudadano medio.

Por ello, cuando una nube radioactiva apareció del reactor 4 de la planta nuclear de Chernóbil, la amenaza nuclear llego de otra manera. Siendo sinceros, tengo pocos o ningún recuerdo de aquellos años. Solo flashazos donde mi madre veía angustiada la televisión, donde el buen Jacobo Zabludovsky, emitía el reporte de la radiación y como esta se iba a dispersar por media Europa. Aunque el riesgo de que llegará a nuestro continente era mínimo, no dejaba de preocupar a más de uno.

Por lo tanto, la siguiente entrada será una reseña de los eventos que rodearon ese fatal incidente, que aun hoy en día, mantiene en cuarentena la ciudad de Pripyat.


El accidente de Chernóbil1 fue un accidente nuclear sucedido en la central nuclear Vladímir Ilich Lenin (a 18 km de la ciudad de Chernóbil, actual Ucrania) el sábado 26 de abril de 1986. Considerado, junto con el accidente nuclear de Fukushima I en Japón de 2011, como el más grave en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares (accidente mayor, nivel 7), constituye uno de los mayores desastres medioambientales de la historia.

Aquel día, durante una prueba en la que se simulaba un corte de suministro eléctrico, un aumento súbito de potencia en el reactor de esta central nuclear produjo el sobrecalentamiento del núcleo del reactor nuclear, lo que terminó provocando la explosión del hidrógeno acumulado en su interior. Básicamente se estaba experimentando con el reactor para comprobar si la energía de las turbinas podía generar suficiente electricidad para las bombas de refrigeración en caso de fallo (hasta que arrancaran los generadores diésel). La cantidad de dióxido de uranio, carburo de boro, óxido de europio, erbio, aleaciones de circonio y grafito expulsados, materiales radiactivos y/o tóxicos que se estimó fue unas 500 veces mayor que el liberado por la bomba atómica arrojada en Hiroshima en 1945, causó directamente la muerte de 31 personas y forzó al gobierno de la Unión Soviética a la evacuación de 116.000 personas provocando una alarma internacional al detectarse radiactividad en al menos 13 países de Europa central y oriental.



La central eléctrica nuclear memorial Vladímir Ilich Lenin fue construida en 1970, como parte de un ambicioso plan soviético para aprovechar una energía que era barata y a la vez "limpia". La planta se ubico a unos 18 kilométricos de la pequeña ciudad de Chernóbil, casi en la frontera entre Ucrania, Bielorrusia y Rusia.
Esta poseía un reactor novedoso llamado RMBK que era capaz de producir 1,000 Megavatios, una barbaridad para la época (y que aparte, podía "cocinar" combustible nuclear para una bomba. Seh, 2x1).

El diseñador y arquitecto fue Víktor Petróvich Briujánov, que lamentablemente, al momento del diseño y edificación, cometió varios errores, tanto en la edificación (no construyo un domo protector, aunque muchas centrales nucleares de la época soviética no lo tenían), en el sistema eléctrico, como en la elección de materiales que podían incendiarse fácilmente.

No obstante, se mandaron construir 4 reactores, al tanto que se edificaba una nueva ciudad a solo 3 kilométros, llamada Pripyat. Mientras la central comenzaba a ganar reputación, la población paso por el mismo trance: de 10,000 habitantes iniciales (que se componía de la gente que trabajaba en la Planta Nuclear) paso a tener 50,000 en menos de 10 años. Inclusive, Pripyat comenzo a ser llamada "La Ciudad del Futuro", por su arquitectura, condiciones de vida y recursos naturales.

Sin embargo, el hermetismo soviético comenzo a hacer de las suyas: en 1982 hubo un incidente en el reactor 1, cuando hubo una fusión parcial del núcleo (en el piso del mismo), el cual no llego a tener problemas mayores. El reactor fue reparado y volvió a la actividad unos meses después. Esto no fue hecho público hasta 1985.

Antes de explicar el incidente de abril de 1986, hay que dar un contexto de como funciona un reactor nuclear, sus sistemas de seguridad y algunos términos al respecto.

Para empezar, una central nuclear depende de dos cosas principalmente: el reactor y los sistemas de refrigeración. El primero tiene dos tipos de barras, unas que tienen el combustible nuclear y otras que son barras de seguridad, que están hechas de grafito y boro. La razón es que las barras de seguridad ayudan a disipar el calor que produce un combustible tan inestable y caliente como el óxido de uranio (de lo que estaban hechas las barras de energía de la central). Este calor se utiliza para producir vapor que termina impulsando unas turbinas que son las que generan electricidad.

Como el calor producido por el combustible atómico es excesivo, se necesita un adecuado sistema de refrigeración que lo contenga. Si el calor excede cierta temperatura, los materiales se vuelve inestables y se produce algo llamado "explosión" de hidrógeno, que es una suerte de mini explosión atómica. El detalle es que al ser tan pequeña, el remanente del combustible es alto y este sigue emitiendo radiación alfa, beta y gamma, que es altamente peligrosa para cualquier ser vivo.

El 26 de abril de 1986, los técnicos de la planta decidieron hacer una prueba de "seguridad" del reactor: esta consistía en disminuir la potencia del mismo hasta niveles casi minúsculos. Querían comprobar que tanto el reactor podía autosustentarse antes de un apagón o en caso de algún problema de refrigeración que provocase un estallido.

El problema es que quienes iniciaron la prueba, fueron operadores y técnicos experimentados, el 25 de abril. El 26, se continuo el protocolo, pero con gente menos avezada y aquí es cuando comenzaron los problemas. Primero, desactivaron los sistemas de apoyo y refrigeración, porque estos paraban el reactor en caso de que estuviese en actividad mínima, luego retiraron las barras de seguridad (boro y grafito) que regulaban el calor del reactor. Aunque esto estaba estrictamente prohibido, los operadores querían irse hasta el último extremo y "probar" la eficiencia del sistema en caso de una falla o sobrecarga.

De las 30 barras de seguridad que tenían que estar, de manera mínima, solo había menos de 8. El calor en el reactor se disparo a niveles enormes. Muchos se preguntaron, ¿Por qué no retiraron también las barras de óxido de uranio? La razón es que esto hubiera provocado un suceso llamado "envenenamiento por xenón", el cual era un gas que se producía en el reactor a niveles muy bajos. El xenón es tan tóxico para la radiación que una planta bajo tal efecto, tarda en funcionar varios días. Y que eso pasase en una planta nuclear de primer nivel en la URSS, era inadmisible.

Sin embargo, nadie se dio cuenta que el calor en el reactor era abrumador, pese a que la potencia era mínima. Los técnicos se asustaron y trataron de bajar las barras de seguridad a toda prisa, pero no funciono. Estas se habían deformado por el calor, que los sistemas se habrían "fregado" literalmente. Por suerte, había un sistema manual que permitía caer las barras a gravedad, el cual fue activado.

La caída provoco un enorme estruendo en el núcleo y la cosa pareció estabilizarse un minuto, cuando la potencia del reactor subió, hasta que un técnico detecto anomalías en la alimentación de agua y refrigeración, seguido de un enorme estallido: el choque entre las barras de seguridad con las de energía provoco una subida aun mayor de calor, que dio lugar a un estallido que voló la tapa del reactor y liberando cantidades enormes de radioactividad a la atmósfera (500 veces superior a la explosión de Hiroshima) como un incendio que amenazaba al resto de los reactores.

En cuestión de minutos, bomberos militares del área acudieron raudos a apagar el incendio, que estaba por llegar al reactor tres. Pese a la contaminación radioactiva, que era altísima (100 veces a la que debía recibir un ser humano en su vida, como mínimo), bomberos y soldados apagaron el incendio como pudieron en un espacio de 24 horas, mientras los demás reactores eran dejados en refrigeración. El saldo al momento eran de dos personas muertas al momento de la explosión y 18 más con graves heridas radioactivas y que morirían en el espacio de 3 meses.

Mientras, en Pripyat, el ejército había cercado la ciudad y comenzado la toma de radiaciones en el área. Pese a que los niveles eran espantosamente elevados (600,000 la que un humano debía recibir de por vida), la evacuación se retraso al menos 18 horas. Finalmente, en la noche del 26 de abril, 2,000 autobuses evacuaron a los pobladores, comentandoles que solo era una medida que tomaría 3 días. Claro, en el proceso, al menos 1,000 personas de Pripyat habían sufrido daños graves por la radiación.

Entre tanto, la cosa era caótica en el reactor 4. Los primeros helicópteros que sobrevolaban la zona veían como el grafito y pedazos de cemento ardían al vivo, con temperaturas arriba de los 2,000 grados, mientras el humo radioactivo se extendía por toda la zona. Rápidamente, los bomberos, soldados y demás comenzaron a echar toneladas de material, desde granito hasta boro, para disminuir el calor y tapar el reactor dañado. Las labores terminaron de manera oficial el 13 de mayo, cuando las emisiones dejaron de percibirse en el lugar.

Medalla concedida a los Liquidadores

Aquí es donde comienza la labor de los llamados "Liquidadores", que es como se conoció a todo personal que estuvo involucrado en contener el incidente de la planta, desde el inicio de la explosión, hasta la construcción del sarcófago (una suerte de contenedor hecho de material absorbente de radiación). Todo esto, entre 1986 y 1992. Debido al desconocimiento de la mayoría de la población en aquellos años, las autoridades soviéticas literalmente expusieron a casi un millón de personas a una dosis letal a peligrosa de radioactividad, en especial reservistas del ejército ruso, los cuales les vendieron la promoción de que si trabajaban dos minutos en las labores de contención, les serían perdonados dos años de servicio militar (hubiese sido genial en otras circunstancias).

Y es que cuando se termino de echar el material encima del reactor, se construyo un túnel que llegase al mismo, para construir un sistema de refrigeración y el llamado sarcófago, que pudiese contener la contaminación. La construcción del túnel tomo casi dos meses y otros 7 meses fueron necesarios para construir el sarcófago.

Entre tanto, la filtración de este incidente comenzo a darse a cuenta gotas y para colmo, no fue por medios soviéticos.
La primera noticia fue dada por la TV rusa dos días después del incidente, pero de manera escueta ("tuvimos un detallito en Chernóbil, pero lo estamos arreglando"). De manera internacional, una planta nuclear en Suecia, a más de 1,000 kilómetros de la zona, detecto una radiación inusualmente alta. Creyendo que eran lecturas suyas, empezaron a comprobar la planta, cuando dieron en cuenta que esta provenía de Chernobil, por la posición de los vientos en aquella época del año.

Rapidamente, naciones como Alemania o Finlandia detectaron niveles anormalmente altos y la comunidad internacional comenzo a presionar a los soviéticos a abrir la boca. Finalmente, a mediados de mayo, el premier ruso, Mijail Gorbachov dio un informe amplio sobre la situación, lo cual no aplaco la crítica y suspicacia.

Las consecuencias de este accidente fueron tremendas: todo una área de 30 kilómetros alrededor de la planta fue deshabitada, lo cual continua hasta la fecha, donde destaca la ciudad de Pripyat, convirtiéndose en una ciudad fantasma y que es blanco de muchas leyendas urbanas, así de excursionismo de alto riesgo. La ciudad de Chernóbil, a 18 kilómetros de la planta, paulatinamente ha comenzado a repoblarse, aunque hoy en día, solo hay 1,000 habitantes, en su mayoría técnicos que trabajan en la seguridad de la zona o científicos que verifican efectos secundarios de la radiación en el ambiente.

Un total de 600,000 personas han resultado afectadas de una manera u otra por la radiación (100,000 ya han muerto de estos), la mayoría de ellos "Liquidadores" o personal de la planta. 31 murieron de manera directa por la explosión y la radiación en el momento de la explosión. Sin embargo, tales  cifras son engañosas, ya que algunos comentan que la falta de información oficial, oculta al menos otros 500,000 afectados.

La flora y fauna fueron afectadas de manera brutal, un bosque que estaba a 3 kilómetros de la zona murió al instante, aunque hoy en día, nuevos pinos y árboles han surgido, de un color rojizo, resultado de la absorción de varias partículas radioactivas. También los animales que antes se creían desaparecidos, han vuelto a aparecer en la zona, ante la nula presencia de seres humanos (sin embargo, la caza y consumo de tales se encuentra sumamente restringida, ya que se ha encontrado que un kilogramo de carne llega a tener 1,300 niveles de estroncio o cesio superiores a lo normal).

La contaminación radioactiva ha ido cesando en elementos más peligrosos, como el yodo o el estroncio. Sin embargo, el cesio y otros materiales continuan estando muy activos, al grado que han deteriorado el sarcófago que contiene el reactor. Se dice que la zona no será habitable en al menos los próximos 25,000 años.

En Europa, el efecto fue irregular, ya que los vientos propiciaron que la nube radioactiva se expandiera como en pétalos de flor, afectando naciones como Suecia, Noruega, Finlandia o Italia. Entre tanto, Bielorrusia, Rusia y la misma Ucrania manifiestan niveles de radiación altos pero diferentes entre una zona y otra.

Al final, ¿Qué sucedió con Chernóbil? La planta siguió en operación pero hasta el 2000, cuando los tres reactores restantes se apagaron de manera definitiva. Muchas de las víctimas, en especial niños (unos 25,000) hasta hoy en día reciben apoyo del gobierno, tanto económico como médico, al grado que muchos se les ha permitido ir a hospitales en Cuba.

Sin embargo, los problemas continúan. El sarcófago construido a finales de los ochentas ha comenzado a agrietarse y aunque en el 2004 se inicio uno nuevo, con ayuda y apoyo internacional, los conflictos en la zona de tipo militar y político han ido parando el proyecto. Inclusive, una cantidad inusual de nieve tumbo parte del techo que protegía una parte del reactor 4.


Pese a esto, la zona es ahora un centro de excursionismo de alto riesgo. Hay gente que paga por ir a la zona, en especial a Pripyat, para ver como ha quedado, al grado que hoy es considerada una ciudad fantasma, atrapada en el tiempo. Hoy es motivo de varias leyendas urbanas y hasta de películas que la retratan de manera macabra.

El accidente de Chernóbil era considerado como uno de los mayores accidentes nucleares de todos los tiempos (grado 7), hasta que vino el incidente de Fukishima. Pero eso, es otra historia.

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Saludos a la dueña de mis quincenas ^^, así a quienes gustan de este tipo de temas.