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lunes, 9 de mayo de 2016

La batalla de Midway: cuando el Pacífico se quebró para los japoneses.

Si me preguntan, hace unos cuantos años, el Frente del Pacífico siempre me pareció una operación "menor" comparada con el europeo y por mucho, descontando salvo lo del bombardeo atómico a Hiroshima y Nagasaki. Lógico, mucha de la información que entonces leía provenía de fuentes norteamericanas y por ello, el conflicto era miminizado, no porque no fuese importante, sino porque realzaban las victorias de dicho país y mantenían al margen el valor así la tenacidad del mando japonés, esto con la consigna de verlos como unos auténticos traidores y polarizarlos lo más posible.

Por suerte, las nuevas fuentes, películas e inclusive una serie de HBO (The Pacific) ha venido a cambiar dicho concepto de manera radical y claro, yo también le he dado su gran importancia a esta parte de la historia. Por ejemplo, si no hubiese sido por las bombas atómicas, Japón habría resistido por sí solo unos dos o tres años más, sacrificando en el intervalo a toda su población civil. También como los Marines tuvieron que hacer todo el trabajo "sucio", cuando el resto de los contigentes aliados habían sido derrotados miserablemente por unas bien formadas tropas japonesas. Por ello, aunque el frente oriental europeo y así occidental me sigan pareciendo interesantes aun a la fecha, el Pacífico tuvo sus batallas, no tan espectaculares, pero sí bastante cruentas, que merecen conocerse. No solo por el estilo de combate, sino como un buen análisis psicológico de sus participantes.

Y que mejor batalla que la que se considera el punto de inflexión en dicho teatro de operaciones: La batalla de Midway.



Antecedentes: pese a la "batalla" que sufrieron los japoneses en la batala del Mar de Coral, la estrella del Imperio Nipón seguía en ascenso. No en balde, habían conquistado casi un quinto de la superficie terrestre en cuestión de algunos meses. Solo Australia se mantenía erguida ante el impacto a duras penas. Sin embargo, parece que la tasa de éxito llego a tocar los egos, no solo de los propios mandamases, sino también de oficiales y soldados.

Si algo hemos visto en batallas anteriores, no solo de este conflicto, sino de otro tipo, los japoneses son generalmente muy orgullosos, a un grado bastante elevado, lo cual ha alimentado un tanto su xenofobia pero también su estrechez de miras ante el enemigo. Sí se tiene la idea de ser una persona "superior", es lógico que uno caiga en subestimaciones importantes y no en balde los nipones pensaban tal cosa de los norteamericanos. Hace 500 años, los samurais eran los soldados más modernizados de todo el mundo, no solo por el dominio del bushido y el arte marcial, sino también por sus costumbres, alimentación y limpieza, que era enteramente superior a los europeos.

Aunque la intromisión del comodoro Perry en 1853 calo bastante en la autoestima de aquel país, varios llegaron a la conclusión que la falta de tecnología y preparación había provocado eso. Si en cambio, Japón estaba a la par en ese aspecto, podría no solo superar a sus rivales, sino ser imbatible. Esto se vino a reforzar con la batalla de Pearl Harbor y la posterior conquista del Sureste Asiático. Sin embargo, almirantes y otros hombres se darían cuenta de que esto era temporal y que tarde o temprano, la mayor cantidad de recursos y la mentalidad norteamericana darían un giro a las cosas.

Uno de ellos, fue el gran Isoroku Yamamoto, que entonces era el Almirante de más alto rango de la Armada Japonesa y que en su momento llego a tener discusiones con los jefes del Ejército Imperial. Ambas ramas buscaban la gloria para sí mismos y también para honrar al emperador. Por ello, esto provoco un retraso en los planes posteriores a abril de 1942, cuando Japón era dueño de medio Pacífico y sus alrededores. Yamamoto logro imponerse, con una amenaza de renunciar y presento su plan, el cual consistía en una defensa preventiva y evitar que EUA comenzase a cercarlos. Esto en parte también por el miedo que los japoneses habían desarrollado a los "raids" enemigos, por ejemplo el que hizo Doolitle unos meses antes y que demostró la vulnerabilidad del país ante los bombardeos.

El primer objetivo fue repetir el ataque a Pearl Harbor, pero debido a la paranoia, los americanos habían fortalecido las defensas de manera importante y era imposible atacarlo nuevamente. Entonces, Yamamoto fijo su atención sobre el atolón más occidental de las islas Hawaii: Midway. Aunque este era insignificante para las pretensiones japonesas, el gran Almirante sabía que era importante para los americanos. En esto no se equivoco, ya que los gringos pensaban que el próximo embiste sería en dicho sitio, por lo cual también se apresuraron a reforzarlo.

La mentalidad obtusa japonesa se hizo evidente, ya que a diferencia de los alemanes que se esforzaban en cambiar sus códigos secretos informáticos, los nipones pensaban que no sería necesario. En cambio, los descifradores americanos ya habían descubierto al menos uno de ellos y recibían información constante. Uno de ellos fue bastante sólido a mediados de mayo de 1942, cuando se hablo de un ataque a cierto lugar llamado "AF". Sabiendo de esto, los descifradores mandaron un mensaje sobre el agua dulce de Midway estaba por debajo de lo normal y rápidamente los nipones informaron de esto al Alto Mando. Chester Nimitz, el gran Almirante del Pacífico, se enteró de esto y decidió reforzar Midway a como diese lugar. Aquí se dio algo curioso, ya que el Almirante de portaaviones nominal, Halsey, se encontraba enfermo. Spruance era el siguiente al mando, pero como era orquestador de acorazados, Nimitz también nombro como jefe a Frank Fletcher, que apenas estaba volviendo de Mar de Coral con sus naves.
Lamentablemente, solo contaba con tres portaaaviones, uno recién reparado y a las prisas, el USS Yorktown, que se unía al USS Enterprise y el USS Hornet. El USS Saratoga estaba en el puerto de San Diego siempre reparado a toda prisa. Con estas naves y su flota (entre torpederos, cruceros y submarinos), Fletcher y compañía salió zumbando hacia Midway.

Entre tanto, Yamamoto sabía de las reparaciones en los portaaviones y despacho cuatro para tener mayor poder naval: El Akagi, el Kaga, El Hiryu y Shoryu. Lamentablemente, el Zuikaku y el Shokaku estaban en reparaciones y por alguna razón, no se hicieron rápidas estas, lo cual manifestaba la mentalidad japonesa que subestimaba los alcances de su antagonista. Y no en balde creían esto, ya que Yamamoto había dispuesto un ataque extra sobre las Aleutianas, que disminuyo aun más el aparato defensivo sobre Midway. Con esta confianza, el almirante Chuichi Nagumo fue quien se encargo del raid sobre el atolón americano, inclusive llevando al poderoso acorazado "Yamato", el más grande del mundo en ese momento.


Batalla: El 4 de junio de 1942, justo en la madrugada, Nagumo y sus cuatro portaaviones comenzaron a lanzar una primera oleada de aviones bombarderos y cazas para destruir Midway. En apariencia lo lograron, ya que las bombas cayeron sobre las instalaciones y las pistas de manera indiscriminada. Sin embargo, sabiendo del ataque previamente (un avión había oteado la flota japonesa unas horas antes), muchos de los aviones en tierra ya habían despegado, amén de una formidable artillería antiaérea, cubrió el cielo de Midway, lo cual hizo que el ataque lograse su objetivo "a medias" (aunque en el intervalo, todos los cazas y aviones del atolón fueron destruidos sin misericordia).


El comandante del raid le informó a Nagumo que fuese necesario una segunda oleada. Justo en ese momento, un avión observador había notado la presencia de la flota norteamericana a lo lejos. Fue cuando se dio la crisis del Almirante Nagumo, ya que estuvo 20 a 30 minutos decidiendo que hacer. Pese a que sus subordinados le pidieron que dejase el bombardeo a Midway y fuese directo hacia la flota con la mitad de sus aviones (unos 98), el susodicho se mantuvo indeciso. Por un lado no sabía que tan lejos estaba la flota enemiga y por otro, era prioritario atacar Midway, ya que pese a su artillería, podría caer con otro bombardeo. Finamente, en extrañas circunstancias, pidió que se quitasen las bombas y se pusiesen los torpedos al menos dos veces. El último cambio, debido al aterrizaje de la primera oleada, obligó a los marinos y técnicos a dejar el montón de bombas en un lado de la pista mientras instalaban los torpedos. Nagumo decidió abastecer y cargar todos sus aviones en un solo ataque hacia los portaaviones enemigos.

En cambio, el futuro héroe del día, Raymond Spruance vió las cosas de diferente manera. Pese a su limitada experiencia como jefe de Acorazados, el almirante supo leer bien la situación y decidió mandar a sus aviones de manera disgregada pero continua. Esto en primera opción parecía un suicidio, ya que lo mejor era atacar con un frente amplio y conjunto, pero Spruance sabía de las maniobras niponas y que su llegada podría alterar el orden entre ellos. Sin embargo, esto no pareció al principio, cuando las primeras tres oleadas fueron acribilladas por la defensa antiaérea de los portaaviones y sus escoltas, así como de los Cazas Zero interceptores.

El raid de Spruance dió frutos: ante las maniobras defensivas que desorganizaron el aparato japonés, la cuarta oleada entró como cuchillo en mantequilla, soltando sus bombas y torpedos sin miramientos. En cuestión de minutos, los portaaviones Kaga, Akagi y Soryu fueron hechos añicos, ya que aparte de que sus pistas estaban llenas de bombas y aviones hasta el tope de combustible, las superficies de dichas embarcaciones eran de madera. A tal grado llego la sorpresa y desconcierto entre los tripulantes, que el almirante Nagumo tuvo que ser sacado casi a rastras hacia otra embarcación, con el habla entrecortada.

El Hiryu, el único portaaviones superviviente decidió vengar a sus colegas y lanzó a sus aviones, los cuales encontraron al USS Yorktown que no pudo evitar su destrucción, cuando tres bombas impactaron en la caldera y lo pararon en seco, haciéndolo un blanco móvil. Otros aviones dieron sendos torpedos y hubo que abandonar el barco. El contraalmirante Fletcher salió corriendo y se embarco en el Crucero USS Astoria. Aunque el Yorktown quiso ser remolcado, el barco que estaba en dichas labores como el mismo portaaviones finalmente fueron hundidos. Lamentablemente, los japoneses siguieron con errores y en lugar de atacar a otro portaaviones enemigo, creyeron que le habían pegado a dos, porque optaron por retirarse.

Los aviones del Yorktwon lo vengaron, cuando se lanzaron sobre el Hiryu que también en cuestión de media hora fue reducido a chatarra. A diferencia de Nagumo, el almirante Yamaguchi decidió hundirse con su nave.

El Almirante Yamamoto, que conducía el resto de la flota, no tenía idea clara de lo que pasaba, hasta que fue informado en la noche de lo que sucedía. Presa del terror, por un momento decidió retirarse, pero creyendo que aun tenía el factor sorpresa (su flota no había sido detectada), lanzó varios cruceros y acorazados para tomar la isla mientras la otra parte buscaba la flota enemiga. En el caso de Spruance y Fletcher, este último decidió ceder el mando total al primero, debido a que no podía guiar un portaaviones. Spruance nuevamente se anticipo a las acciones japonesas y decidió interceptarlos, aun cuando sabía de la gran victoria que tenía en sus manos. Aunque no llego a encontrar el buque insignia de Yamamoto, el Yamato, si dió con un crucero e inclusive con un paquetebote que llevaba a parte del ejército invasor. Ante tal ataque, Yamamoto no tuvo otra opción que doblar las manitas y cancelar el desembarco en Midway.

Spruance, el artífice de la victoria americana.

Consecuencias: el mazazo de Midway fue demoledor para la Marina Japonesa. Ocultando el hecho, salvo al Emperador, se minimizo el efecto de dicho ataque, que fue terrible. No solo se perdieron cuatro portaaviones de gran calidad, sino al menos 3,000 japoneses perdieron la vida, entre ellos, la flor y nata de la aviación japonesa. Como los programas de entrenamiento de dicho país no previeron una lucha de larga duración, la cantidad de aviadores expertos fue reducida de manera dramática por la batalla. Esto obligo a que Japón cediese la iniciativa y que ahora se condujese por batallas meramente defensivas.

En cambio, EUA pese a la pérdida de hombres (al menos 250) y un portaaviones, su mayor industria los pondría nuevamente al tiro y pronto superarían a Japón como la potencia dominante en el área. Aparte, la victoria elevaría la moral de los combatientes y haría ver a los nipones ya no como invencibles, sino como un enemigo que podía ser vencido si se peleaba bien y con inteligencia. Esta forma de ser dictaminaría la mentalidad de la Marina que buscaría más victorias pequeñas pero importantes que una gran ofensiva o batalla. De aquí, los Estados Unidos no pararían hasta el bombardeo atómico en Hiroshima y Nagasaki. Pero eso, es otra historia...

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Saludos a la dueña de mis quincenas :3, así a quienes gustan de este tipo de batallas.

jueves, 15 de octubre de 2015

Batalla del Mar de Coral: el punto de inflexión de la Guerra del Pacífico.

Aunque muchos hablan de la mítica batalla de Midway, que marco el fin de la supremacía del Imperio Japonés en el Pacífico, hubo previamente a esta, un combate que aunque se podría considerar que termino en "tablas", en realidad cambió el rumbo de los nipones en la guerra. Sí, hablamos de la Batalla del Mar de Coral.

Mientras en Europa, las tropas de Adolf Hitler estaban arrollando a sus enemigos, en especial las soviéticas, luego del traste de la batalla de Moscú, los norteamericanos habían abierto el frente del Pacífico, aun dolidos y enardecidos por lo sucedido en Pearl Harbor. Sin embargo, las tropas que se destinaron, en especial el Primer Cuerpo de Marines, no verían combate hasta el segundo tercio de 1942. Las cosas primero se verían en un combate de tipo "aeronaval", que los japones habían inaugurado con la batalla anteriormente mencionada.

Aunque la batalla del Mar de Coral no tiene gran relevancia táctica, en el plano estratégico resulto ser de harta importancia. No solo cambio los planes japoneses, sino también dieron confianza a los norteamericanos y sobre todos a sus aliados británicos, que habían visto disminuir sus bonos en menos de seis meses, con las capturas de Singapur, Hong Kong y el hundimiento de la flota del Pacífico, comandada por el Prince of Wales. Una victoria era necesaria para reforzar la fe perdida y justamente, está llego a través de este encuentro que vamos a resumir a continuación.


La batalla del Mar del Coral fue una batalla naval entre Japón y fuerzas aliadas, principalmente de la Armada de los Estados Unidos, librada en mayo de 1942, en el mar del Coral. Fue una de las batallas clave del Teatro Asiático en la Segunda Guerra Mundial y significó el primer fracaso de una ofensiva nipona. Aunque los japoneses infligieron bajas importantes a los estadounidenses, sus propias pérdidas les impidieron ejecutar la Operación Mo, la invasión de Port Moresby. Además, dos portaaviones japoneses que participaron en la batalla fueron dañados, y no pudieron participar en la batalla de Midway, la cual marcaría un punto de inflexión en el curso de la guerra en el Pacífico.


Japón para marzo de 1942, era el dueño de una cantidad de terreno enorme. Las victorias en el Pearl Harbor, en Filipinas, Singapur, Indochina y Malasia, le habían creado un parteaguas que podría amortiguar los ataques de los Aliados, muy en especial los Estados Unidos. Sin embargo, aun existía un escollo que impedía la plena celebración y era la conquista de Australia.

El llamado "continente isla", aun se veía como un bastión de gran importancia y que podría proveer de tropas y recursos a los Aliados. En su momento, la Armada y el Ejército japonés tuvieron un encontronazo por saber si invadirían Australia. La Armada deseaba esto, pero el Ejército tenía sus dudas. Ellos eran más partidarios de una red defensiva y afianzar las posiciones previamente ganadas. Finalmente, la Armada renunció a esto, pero pidió la conquista de Port Moresby en Papua Nueva Guinea, así la toma de otras islas como Nueva Caledonia o Fiyi. La razón era que las naves japonesas pudieran navegar libremente por toda la región, sin temor a ser atacados por aviones embarcados o disparos de acorazados, aparte de estrangular lentamente a Australia.

Esto no era sabido por los mandos Aliados en su momento, por lo cual, la población australiana vivió con un enorme miedo en aquel año. El ejército británico se encontraba lejos, la Armada inglesa había sido evaporizada y para colmo, muchos australianos apoyaban discretamente a los japoneses. Por ello, el recibimiento que tuvieron los Marines americanos y su flota en Australia, fue bastante fría y hasta antipática. Aparte, en el mismo seno de la Marina gringa, había disidencias. Nimitz y McArthur se peleaban constantemente sobre los planes de operaciones, mientras que el contralmirante Fletcher, un favorito de Nimitz, estaba en la mira del Almirante King, jefe de la Armada, por la pérdida de Wake. Sin embargo, las intervenciones posteriores de Nimitz serían de harta importancia para la victoria.

Entre tanto, los japoneses llevaron a cabo la Operación "Mo", que consistía en la toma de varias islas que servirían para preparar el desembarco en Port Moresby, entre ellas Tulagi. El contralmirante Goto comandaba la flota principal y que se encargaría de resguardar el ataque, con su nave insignia, el portaaviones ligero Shoho. Cerca de allí, otra flota aun más grande, ya con dos portaaviones en forma, dirigida por el contralmirante Takagi, serviría de apoyo a la de Goto. Los inicios eran para el 2 de mayo de 1942 y el supuesto desembarco en Port Moresby sería el 10 de aquel mes.

Gracias a los descifradores americanos, Nimitz se entero de la operación y despacho la Task Force 17 a pararle los pies a Otogo y compañía. Sin embargo, previo a esto, tuvo que convencer al Almirante King de que le diera chance a Fletcher de atacar. Otro contralmirante iba a ser el comandante de la misión, pero enfermo y Fletcher fue el designado. King dudaba de las habilidades de este último, más cuando su flota apenas representaba la mitad del combinado de Goto y Takagi. Sin embargo, Nimitz lo respaldo y King dió luz verde al contrataque.

El 4 de mayo, la flota de invasión japonesa zarpo de Rabaul y se dirigieron hacia Tulagi y posteriormente sería hacia Port Moresby. Fletcher se enteró y envio a varias escuadrillas de aviones, que llegaron a encontrarse con los japoneses, infrigiendo varias bajas. Esto hizo que Takagi zarpase de Rabaul para encontrarlo, mientras Fletcher hacía lo propio. Lo peor es que la flota americana solo contaba con un portaaviones de cuatro que se habían prometido para la batalla. El USS Lexington aun no llegaba, mientras el USS Hornet y el USS Enterprise apenas se encontraban a medio oceáno Pacífico. El único disponible era el USS Yorktown.


Entre el 5 y 7 de mayo, las flotas de Fletcher y Takagi se estuvieron buscando intensamente, pero con escasos resultados, inclusive llegaron a estar separadas a 100 kilométros, pero sin darse cuenta uno del otro.

Para el 7 de mayo, un avión de reconocimiento supuestamente avisto a dos portaaviones y dos acorazados. Fletcher envió a sus aviones a atacar, pero luego se entero de que eran dos cruceros y dos acorazados. Furioso, el contralmirante estallo contra su informante, echandole en cara que por su error, podrían perder sus portaaviones (y es que se habían quedado sin reservas para un contraataque nipón).

Sin embargo, del otro lado paso exactamente lo mismo y Takagi envió sus aviones contra un convoy menor, lo cual facilito a Fletcher el encontrarse directamente con Goto, el cual ahora si fue localizado con éxito, donde destacaba su portaaviones y sus naves escolta. Aquí es donde comienza una anecdota que es harto conocida y es que en aquel entonces, los aviones de combate norteamericanos aun seguían siendo muy inferiores a los japoneses. Los P-52 aun tardarían en llegar, igual los famosos Hell Cats, que llegarían a ser los amos del Pacífico. La flota aeronaval se componía de aviones ya anticuados y lentos, como los B-17, los Vindicator, los Buffanos y los Avengers. En dos oleadas que envio Fletcher a estos aviones, fueron hechos pedazos, no solo por la artillería del portaaviones, sino también por los aviones escolta japoneses. Esto causo un furor enorme entre estos últimos, al grado que se prepararon para ahora localizar al USS Lexington, de donde habían sido enviados sus contrincantes.

Llego el turno para los lentos SBD Dauntless, que eran conocidos por su lento andar. Sin embargo, pronto se revelaron como una especie de tanques volantes, ya que supieron aguantar los embates enemigos y aparte, soltar varias bombas que llegaron a dañar levemente al Portaaviones. No obstante, con tres oleadas siendo contenidas, Goto pensó que sería todo, pero con horror vió como una cuarta oleada, ahora combinada entre aviones del USS Yorktown y los restantes Dauntless que habían sobrevivido, se lanzaron con todo sobre el Portaaviones. En cuestión de 21 minutos, el Shoho fue hecho picadillo 

Alarmado con la situación, el almirante Inoue decide que los transportes de tropa se den la vuelta hacia Rabaul, mientras el almirante Takagi encuentra la flota de Fletcher y lo liquida. Entre tanto, John Crace, contralmirante australiano es enviado por Fletcher para encontrar los transportes, lo cual logra con gran éxito, aparte de eludir el propio fuego amigo, ya que la flota de cruceros y destructores aliados es confundida por los aviones americanos.

Takagi trato de liquidar a los americanos en un ataque nocturno, esto en la madrugada del 8 de mayo. Sin embargo, todo salió al revés: los aviones de reconocimiento avistaron al USS Yorktown, pero creyeron que era amigo, por lo cual uno de los aviones al descender, fue destruido a golpe de artillería. Aparte, cuando Fletcher envió sus aviones para contratacar, fue tal la carnicería que solo 11 aviones regresaron intactos al Yorktown y al Lexington. Finalmente, Takagi desistió del ataque nocturno y prefirió enfrentarlos en la mañana.

El ataque comenzó en la mañana de aquel 8 de mayo de 1942, donde finalmente ambas flotas pudieron localizarse. En el lado nipón, los portaaviones Shohaku y Zuikaku fueron los agraviados, donde pese a la cortina de fuego y protección aérea, lograron ser tocados, esn especial el Shohaku, que debido a una bomba, su cubierta se vio incendiada. Aunque el siniestro pudo ser contenido, la pista se inhabilito y ya no pudo ser utilizada para más despegues.

En el lado americano, la cosa fue más dramática: Lexington y el Yorktown se vieron acribillados por la excelencia maniobrabilidad japonesa, al grado que una bomba entro directo a la cubierta del Yorktown, volando parte de la misma y matando a casi 70 hombres. Entre tanto, el Lexington sufrió tal cantidad de daños que llego a estar a la deriva por un buen rato. Para colmo, cuando varios cazas gringos trataron de regresar al Lexington, fue tan mala la maniobra que terminaron chocando unos contra otros.

La batalla termino al mediodía y cada bando se proclamo ganador: los japoneses afirmaron hundir dos portaaviones y varios cruceros como destructores. En el lado gringo, refirieron que sus blancos habían sido un portaaviones y también tanto cruceros como acorazados. Finalmente, la cosa se puso más dramática, cuando el Lexington comenzó a incendiarse y ya no pudo ser recuperado. Termino por ser hundido y sus hombres transportados a otras unidades.

Las consecuencias de esta batalla no se vieron al momento, sino hasta después y de manera dramática. En el bando americano, aunque los periódicos habían proclamado la victoria, en realidad los daños habían sido severos y costó un portaaviones como la inutilización de otro, que posteriormente fue reparado. Sin embargo, en el caso de los japoneses, fue mucho más acentuado. Inoue retraso la invasión japonesa a Port Moresby y esto ocasiono la ira del Almirante Yamamoto que inmediatamente mando a Takagi a buscar y liquidar a los americanos.

Sin embargo, estos ya se habían alejado (gracias a la previsión de Fletcher) y fue meramente imposible. Takagi estaba furioso con Inoue, ya que él mismo sabía de los daños que había recibido, tanto su flota como la enemiga y estaba seguro de poder liquidarlos, al pasar los aviones del Shohaku al Zuikaku. Sin embargo, cuando estos regresaron a sus astilleros, vieron con horror que los daños habían sido de mayor consideración, al grado que el Shohaku estuvo un mes en reparaciones y por ello no pudo salir a la batalla de Midway. El Zuikaku estaba bien estructuralmente, pero la pérdida de aviones y personal fue también importante, por lo cual su capacidad de batalla estuvo muy disminuida el resto del año.
Para colmo, los japoneses no pudieron cumplir con los objetivos señalados. Aunque se trato de conquistar Port Molesby vía terrestre, la operación termino fracasando. Por esto, la batalla del Mar de Coral resultó una victoria para los japoneses, pero a la larga, se vería como un fracaso, ya que comenzó a "lastimar" la mentalidad victoriosa y termino por desencadenar las derrotas en Guadalcanal y en Midway, donde el poderío japones llegaría a su punto más alto y luego a una debacle total.


En cambio, Fletcher, pese a las pérdidas, fue reconocido por su valor, ya que supo enfrentarse a dos flotas en desigualdad tanto de hombres como de material, aparte de que cambió el estilo de batalla naval, pasando de ser cañonazos a lanzar aviones y ver quien pega primero. Todo un hito que los japoneses empezaron por establecer con Pearl Harbor.

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Saludos a la dueña de mis mensualidades ^^, así a quienes gustan de la Segunda Guerra Mundial.